¿Es que no te veré más sino en la eternidad?
Baudelaire
Hoy viernes, de mañana y enero,
como es costumbre, sales
a dar tu paseo cotidiano.
Los perros tiritan de frío
y los gorriones se ahuecan.
Una mujer esbelta pasa a tu lado,
justo antes de comprar el
periódico.
En ese momento tienes la certeza
de que pudiera ser Anna,
Francesca o Lesbia,
la mujer que tantos otros
buscaron.
Intentas acercarte para ver su
rostro.
La sigues. Cabello castaño,
recogido,
chaqueta negra, pantalones
vaqueros,
bolso en bandolera, paraguas.
Ella camina mucho más deprisa.
No sabes por qué sentido del
ridículo
o timidez no corres hasta darle
alcance.
Pero ves cómo sin remedio se
aleja.
Y esto no es Londres, ni
Florencia, ni Roma.
Encima, pillas todos los
semáforos en rojo.
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