Planta noble, habitación 206
de un hotel donde siempre hace frío.
Frente a un espejo, sobre la mesa,
una hoja en blanco, un ramo de pensamientos
y un corazón de varadero y coronas.
—¡Cuántas noches abiertas!—
Muermo de cama extraña, telebasura,
esclarecida de tráfago y desastre de
noticias.
Escozor, náusea, ducha y equipaje:
pijama, colonia, billetes, reloj…,
en la papelera flores rotas y cuartillas
emborronadas.
«¿De minibar?». Lo dice, paga y se va tras la
puerta giratoria.
Y el viajero tiene la sensación de que se le
olvida algo.
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