Cavafis y epígonos.
— Es que hoy esperamos a los bárbaros.
¿Por qué el Senado no legisla sobre las polillas de
mar,
los magistrados con sus togas y birretes demoran las
sentencias
y nuestros gobernantes, generales y prelados visten
de gala?
— Es que hoy esperamos a los bárbaros.
Ellos legislarán sobre asuntos cotidianos y
apremiantes,
aplicarán la justicia en el ágora, sin dilación
alguna,
y defenderán, con sus armas, tradiciones y
haciendas.
¿Por qué nuestros cortesanos, bufones y rapsodas
no nos deleitan con chanzas, danzas y canciones?
— Es que hoy esperamos a
los bárbaros.
Y los bárbaros no gustan de farsas y pamplinas.
¿Por qué huimos así, de pronto, y dejamos calles,
plazas vacías y buscamos, temerosos, refugio en las
casas?
— Es que hay quienes, venidos de lugares limítrofes,
dicen que los bárbaros están hace tiempo entre
nosotros.
— ¡Y qué haremos ahora con ellos, los bárbaros!
Eran la solución a todas nuestras expectativas.
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